El reportaje del ultraje
LA NOVELA DE LA TIERRA VASCA I
Ya os mencioné, en alguna otra ocasión, mis tan fieles y únicos lectores, el inusitado interés que había despertado en mi conciencia lectora el universo narrativo de Ramiro Pinilla. Puede que os acordéis de la mención que hice cuando hablé sobre la concesión del Premio Nadal a su obra Las Ciegas Hormigas, que tuvo que esperar, amortajada en las estanterías de Destino, el más de medio siglo largo de cautiverio editorial propuesto en las bases de su premio para escritores noveles.
La historia de la tenacidad de Sabas Jaúregui y el inagotable tesón con el que intenta aportar a su familia el combustible necesario que les permitiera una digna manutención frente a la carestía y la necesidad reinantes, me atrapó de una manera lo suficientemente convincente para que indagará en su escasa obra catalogada y, de esta manera, adentrarme en una región desconocida de una impresionante envergadura y de una calidad estilística manifiesta.Siempre deberé al magisterio del doctor Senabre las pistas que nos espolvoreó sobre las directrices de la narrativa actual fuera de los circuitos comerciales en aquel curso que impartió en la antigua y todavía ruinosa Finca de Vista Alegre, en el castizo distrito de Carabanchel, transformada, después de la desmantelación ideológica de los CAP, en el Centro Regional de Innovación y Formación, adscrito a la Dirección General de Mejora de la Calidad de la Enseñanza de la Comunidad de Madrid. No obstante, dentro del caso que nos ocupa de Ramiro Pinilla, también tengo que agradecer la encarecida insistencia en su recomendación y descubrimiento por parte del pertinaz bibliotecario de Portazgo, Sergio el novelista. Aquí tiene el testimonio de mis palabras que le brindan un sincero homenaje y reconocimiento a su invisibilizado pero tan valioso trabajo.
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